misión
La mayor parte de los dos mil millones de chicos en el mundo subdesarrollado carecen de una educación adecuada, o no reciben ninguna. Uno de cada tres no completan el quinto grado.
Las consecuencias tanto individuales y sociales de esta crisis global crónica son profundas. Los chicos son relegados a la pobreza y aislamiento—al igual que sus padres—sin sospechar lo que la luz del conocimiento podría significar en sus vidas. Al mismo tiempo, sus gobiernos luchan por competir en un mundo que cambia rápidamente, en una economía de información global, apesadumbrados por una vasta sub-población urbana en constante crecimiento que es incapaz de auto-sustentarse y mucho menos contribuir al bienestar social, porque carecen de las herramientas para hacerlo.
Es el momento de repensar la ecuación
Dados los recursos que los países pobres pueden destinar a la educación—a veces menos de USD 20 por año por alumno, comparado con los aproximadamente USD 7,500 gastados anualmente en EE.UU.—aún duplicando o cuadruplicando el monto destinado a una educación tradicional, ayudado por fondos externos y privados, no logrará los objetivos. Aún más, la experiencia indicaría de modo determinante, que un aumento incremental de “más de lo mismo”—construir escuelas, incorporación de docentes, compra de libros y equipamiento—es una respuesta loable pero insuficiente ante el problema de brindar posibilidades concretas de aprendizaje a una cantidad enorme de chicos en el mundo subdesarrollado.
Quedarse quieto es una receta segura para retroceder.
El recurso natural más valioso para cualquier país son sus chicos. Creemos que el mundo emergente debe potenciar este recurso haciendo uso de la capacidad innata de los chicos para aprender, compartir y crear en forma autónoma. Nuestra respuesta a ese desafío es la laptop XO, una laptop para chicos diseñada para “aprender a aprender.”
La XO corporiza las teorías sobre el construccionismo desarrolladas inicialmente en los '60s por el Profesor Seymour Papert del MIT Media Lab, y que después fueron elaboradas por Alan Kay, y complementadas por los principios articulados por Nicholas Negroponte en su libro Ser Digital (Being Digital).
Probada extensivamente en el terreno y validada en algunas de las poblaciones más pobres y remotas de la tierra, el construccionismo resalta lo que Papert llama “aprender a aprender” como la experiencia fundamental de la educación. Una computadora incentiva de forma única el aprender a aprender al permitir a los chicos “pensar sobre pensar”, que de otro modo sería imposibles. Usando la XO tanto como una ventana hacia el mundo, así como una herramienta altamente programable para explorarlo, los chicos en países emergentes estarán abiertos a un conocimiento ilimitado así como también a su propio potencial creativo y capacidad de resolver problemas.
La OLPC no es, en esencia, un programa tecnológico, ni la XO un producto en el sentido convencional de la palabra. La OLPC es una organización sin fines de lucro que provee los medios para un objetivo—el objetivo que todos los chicos, aún en los lugares más remotos del globo se les brinde la oportunidad de descubrir su potencial, de ser expuestos a un mundo lleno de ideas, y contribuir a una comunidad mundial más sana y productiva.
Hasta entonces, permanezcan sintonizados.
